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Legalized Injustice: Injusticia Legalizada Cases of Misconduct and Brutality Human Rights Organizations in Mexico Mexico Policing Project |
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yankee en el DF Reforma, Oct. 27 In English Hay buenas razones para aplaudir la llegada de nuevas ideas y experiencia, pero los encargados de dictar las políticas y los empresarios que financian a Giuliani están pagando las perlas de la virgen por el ex alcalde de NY Por Rob Varenik Poco sorprendentemente, la reciente decisión del gobierno de la Ciudad de México de contratar al ex alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani ha creado una tormenta de expectativas y opiniones diversas: de patriotas que temen una pérdida de soberanía, de creyentes que ya están celebrando la nueva revolución y de un sector avergonzado que teme, independientemente de los méritos de los nuevos socios, que los emperadores de esta ciudad han perdido la ropa, a plena vista de todo el mundo, al admitir tácitamente que necesitan ayuda. Nadie posee toda la razón, o la sinrazón. Hay buenas razones para aplaudir la llegada de nuevas ideas y experiencia, pero los encargados de dictar las políticas y los barones privados que están pagando las perlas de la virgen por un alcalde también deben estar conscientes de varias señales claras de precaución en el camino que tienen por delante. Las buenas ideas pueden y deben cruzar fronteras. La Ciudad de México es el lugar propicio, y éste es el momento adecuado para comenzar a mirar hacia afuera en busca de las preguntas adecuadas, y algunas posibles respuestas. Durante la larga era priista, pocas de las mejores mentes de México se preocuparon por estudiar el ramo policiaco, por falta de alguna esperanza significativa de que una mejor comprensión llevaría a una mejor policía. Por consiguiente, México ha perdido en gran medida el tren: los últimos 20 años de intensa experimentación e investigación de las estrategias prácticas y la administración policiales en ciudades y países de todo el mundo. No hay duda de que no todas fueron historias de éxito, pero el resultado global ha sido una mayor claridad y un acuerdo tanto sobre los valores como sobre las tácticas. La buena noticia es que volver a subirse al tren es relativamente fácil, si se busca en los lugares correctos. Sin embargo, el éxito en sí no es tan fácil de importar. Claramente, uno de los mayores errores que Manuel López Obrador, jefe de Gobierno de la Ciudad de México, podría cometer es el de no filtrar los enfoques neoyorquinos (sin importar lo exitosos que fueron en esa ciudad) a través del prisma de los retos específicos de México. El secreto aquí es comprender lo que podría encajar y lo que no, además de lo que podría encajar si se modifica apropiadamente. Esto requerirá una comprensión bastante fina de los problemas -no sólo del crimen- sino de las limitaciones institucionales que caracterizan a la policía y al sistema de justicia en conjunto. A juzgar por la cantidad de buenos datos que las fuerzas locales de policía tienen actualmente en su poder, tal evaluación será algo muy difícil de hacer. Las autoridades aquí saben que las cosas no están funcionando de la forma que a ellos (o los electores) les gustaría que funcionaran, tienen alguna idea de lo que no está funcionando, pero muy pocas pistas del cómo o por qué. Es también importante abordar otras experiencias de la misma manera en la que se compra comparando precios. Es muy poco probable que un solo establecimiento tenga todo lo que uno necesita, especialmente si las necesidades son profundas y diversas. Tan sólo dentro de Estados Unidos, enfoques como la vigilancia policial comunitaria en San Diego (que utilizaba un tercio menos de oficiales de policía per cápita que Nueva York) y el uso creativo que en Boston se hace de intermediarios clave para combatir el crimen juvenil con un mínimo de tensión racial consiguieron reducciones en el índice de crímenes comparables a los de Nueva York y pueden contener elementos que se pueden añadir a la mezcla con resultados muy redituables. Y finalmente, aunque no se debe anticipar que el equipo de Giuliani sea excesivamente autocrítico, uno debe hacerse preguntas difíciles sobre qué tan bien funcionaron los diversos elementos en la misma Nueva York. Por ejemplo, aunque la discusión en México se ha centrado en la noción de "cero tolerancia", muchos neoyorquinos, incluyendo un número bastante grande de oficiales de policía, pondrían en duda que eso fuera la esencia del enfoque del Departamento de Policía de Nueva York (NYPD por sus siglas en inglés), y mucho menos la bala de plata que observadores a mayor distancia parecen creer. Con estas consideraciones en mente, aquí tienen algunas sugerencias para los líderes locales mientras examinan los artículos del NYPD: qué tomar y qué dejar en los estantes. Qué Tomar Compstat, la pieza central de las innovaciones del NYPD, recibió su nombre de "computer statistics" (estadísticas computacionales), pero la tecnología no fue la inspiración. Simplemente facilitó una visión administrativa para compilar datos y hacer que la información fluya por todo el Departamento, proporcionando la base para un intercambio institucional permanente. Al desmenuzar los datos sobre el crimen de innumerables formas, Compstat permitió a los funcionarios hacer un seguimiento del desempeño de distritos policiales individuales, e incluso de oficiales de policía. (Una de las primeras revelaciones de Compstat fue el sorprendente hecho de que en la primera mitad de 1994, casi una tercera parte de los oficiales de policía en uno de los cinco condados de Nueva York no había realizado ni un solo arresto.) Una vez que se combinó con la dimensión humana de la evaluación cara a cara, realizada por superiores en presencia de los compañeros, Compstat se convirtió en una plataforma de rendición de cuentas que les hizo mucho más difícil el ocultarse a los oficiales ineficaces o con falta de compromiso. Elemento esencial de toda faceta de la estrategia de Nueva York, la información fue la clave para analizar el crimen, evaluar el desempeño, y a final de cuentas, realizar los ajustes necesarios para ir un paso adelante. La información se mejoró y se descentralizó, haciendo más fácil para el personal trabajando en el campo obtener más y mejores datos, así como tomar decisiones más informadas sobre cómo enfrentarse a las circunstancias locales. William Bratton, primer comisionado de policía de Giuliani, y su equipo transformaron una fuerza policial relativamente envejecida, que no era famosa por imponer nuevas tendencias, en una que era sinónimo de innovación, en parte porque aceptaron con entusiasmo la tecnología computacional disponible, pero también porque descentralizaron la autoridad y la toma de decisiones, lo que promovió nuevas ideas provenientes de fuentes poco probables, y permitió que los prometedores oficiales jóvenes ascendieran por méritos propios más rápidamente de lo que habría permitido el viejo sistema de antigüedad. El NYPD de la década de los noventa aceptó con entusiasmo una amplia noción de seguridad pública que iba más allá de los crímenes importantes para llegar a las cuestiones de "calidad de vida", empleando diversas colaboraciones entre agencias y mecanismos legales, como las herramientas de impartición de justicia a un nivel no criminal, para acabar selectivamente con algunas de las molestias y pequeñas ofensas. Siguiendo los preceptos del estricto seguimiento policial a delitos menores, la policía envió el mensaje de que se ocupaban de los crímenes "sin víctimas" y que hacían la vida más difícil para la gente ordinaria. No se puede negar que al perseguir ofensas menores también se atrapaba a criminales responsables de crímenes más serios, puesto que quienes robaban o burlaban su libertad condicional también solían saltarse los torniquetes del metro sin pagar. Aunque no fue ni remotamente el primer departamento de policía en utilizar tales técnicas, el mapeo de crímenes y el análisis de los datos criminales por parte del NYPD le permitía identificar patrones y nexos criminales más amplios, por ejemplo, entre un patrón de robos en una zona y un mercado de artículos robados y tarjetas de crédito en otra. Qué Dejar Aunque los funcionarios locales ya han caído víctimas de este grito de guerra en gran medida vacío, el NYPD prefirió el mucho menos pegajoso "calidad de vida adicional". Independientemente del nombre, por lo menos tres objeciones obvias deberían hacer que los funcionarios mexicanos lo pensaran dos veces. En primer lugar, independientemente de que se considere que se fallaron a sí mismos o que la sociedad les falló, el relativamente pequeño escuadrón neoyorquino de "limpiavidrios" con frecuencia sin hogar y con frecuencia agresivos, no fue echado de menos por la mayoría de los neoyorquinos cuando empezaron a desaparecer de las calles citadinas. La economía informal de México, que incluye a un desconcertante ejército de personajes ambulantes, puede representar una molestia tanto para conductores como para peatones, pero un extraordinario número de familias electoras dependen de ellos para su subsistencia. La promesa de una impartición de justicia implacable tendrá que ceder su lugar a una apreciación juiciosa de las realidades sociales (y electorales). En segundo lugar, cada arresto y procesamiento (cabe recordar que al llegar a Nueva York, William Bratton insistía en llevar casos menores a los tribunales, restringiendo la práctica tradicional de entregar una simple citación y multa) exige horas de dedicación a los oficiales de policía, al personal de las estaciones de policía, a los fiscales y a los tribunales. El sobrecargado, ineficiente e injusto sistema judicial de la Ciudad de México corre el riesgo de ser ahogado por una creciente carga de casos, y no cuenta con la herramienta de negociación de cargos que tiene Nueva York para deshacerse rápido de los casos. Ya que los preventivos de la Ciudad de México carecen incluso de la autoridad legal para investigar o procesar un caso, un enfoque así requeriría una coordinación infinitamente mejor con los judiciales, una probabilidad evidentemente remota (y si llegara a ocurrir, abrumaría a la pequeña fuerza de la Procuraduría). Por último, otorgarle a los notoriamente corruptos e incapaces policías callejeros un mandato para investigar hasta la infracción más insignificante es equivalente a una invitación grabada para llevar la extorsión de ciudadanos ordinarios (aunque imperfectos) a nuevas alturas. La belleza del Compstat es su maleabilidad. Se pueden recabar datos sobre cualquier cosa, desde índices de homicidios hasta quejas de derechos humanos, días de trabajo perdidos por cada elemento por enfermedad o número de arrestos, y de hecho en Nueva York se monitoreaban con regularidad unas 400 variables sobre crimen y desempeño. La información que rastrea una fuerza policíaca y, sobre todo, lo que hace con esa información, refleja sus valores institucionales mejor que cualquier folleto o declaración pública. Además de servir como el barómetro de índices de criminalidad y arrestos, Compstat podría haber sido usado para asegurar el rastreo y sistema de advertencia para oficiales problema cuyo comportamiento manchó la percepción del público de la policía. Sin embargo, en la práctica, el enfoque del NYPD se tornó implacablemente impulsado por los arrestos. Aunque la campaña intensificada del Departamento de detener y hacer "revisiones corporales" a jóvenes varones por las más mínimas y subjetivas sospechas de actividad criminal propició cuestionamientos del Consejo de Revisión de Quejas Civiles de la ciudad (CCRB, por sus siglas en inglés), de la División de Derechos Civiles del Departamento de Justicia, de la Oficina del Procurador General del Estado de Nueva York y de la Comisión Estadounidense de Derechos Civiles (sin mencionar una variedad de organizaciones no gubernamentales, periodistas y grupos comunitarios), así como litigios colectivos, o el Compstat fue incapaz de sonar la alarma de la estación, o el Departamento no estaba escuchando. Las prácticas policíacas agresivas, especialmente "detener y realizar revisiones corporales", generaron quejas ciudadanas, normalmente que no había una base legal para la detención, o que se aplicó fuerza excesiva. Efectivamente, un estudio realizado por el CCRB encontró que las quejas sobre las "revisiones corporales" callejeras con la policía eran las más creíbles que recibió. Sin embargo, desde el inicio de la era Giuliani en 1994, hasta 1998, sus comisionados de Policía rechazaron con mayor frecuencia incluso hallazgos documentados del CCRB, alcanzando casi un 80 por ciento de los casos en 1996. En el 90 por ciento de esos casos en los que el Departamento simplemente rechazó los hallazgos y se rehusó a imponer disciplina, lo hizo sin realizar investigación alguna, hacer preguntas adicionales, ni ofrecer una explicación. México, que exhibe una carencia de rendición de cuentas policíaca entre sus problemas policíacos más apremiantes, necesita moverse en la dirección contraria. El Departamento de Policía de Giuliani subestimó el valor de la "community policing". Otros beneficios para la lucha contra el crimen de las buenas relaciones comunitarias, tales como la "inteligencia" y cooperación de vecinos se convirtieron en prioridades muy disminuidas. Cuando ocurrió la tragedia inevitable (en el caso en Nueva York sobre el asesinato a tiros de Amadou Diallo por una unidad mal entrenada) salió a relucir lo que había sido una poderosa corriente de resentimiento reprimido. La negligencia del Departamento de Policía de Nueva York en esta área fue tanto imprudente como innecesaria. Un estudio por el Instituto Vera de Nueva York, dado a conocer un mes después del caso Diallo, mostró cómo en dos distritos cercanos, los comandantes locales habían equilibrado las fuertes relaciones con la comunidad y el trabajo policíaco proactivo, provocando la inevitable pregunta, ¿si funcionaba allí, por qué no del otro lado de la ciudad? A finales del 2000, el Comisionado Bernard Kerik anunció tardíamente planes para institucionalizar una mayor atención a las preocupaciones de la comunidad y de la ciudadanía, pero esto nunca llegó a desarrollarse por completo. El estilo más asociado con la era Giuliani, incluyendo su Departamento de Policía, era de callar a gritos e interrumpir a quienes tuvieran un punto de vista distinto. Aunque es difícil argumentar con índices de criminalidad en picada, y es difícil creer que una fuerza policíaca mejor entrenada, equipada y administrada no tendrá un impacto sobre el crimen, aún queda un muy serio debate sobre el alcance que las tácticas policíacas de Nueva York, o cualquier táctica policíaca, tiene sobre el crimen. Periodistas, académicos, e incluso policías que discreparon fueron marginados, se les negó información y hasta se les ridiculizó. Esto podría ser un lujo adquirido por el éxito, ya que el público ponía poca atención -hasta que las tensiones se empezaron a elevar-. El DF no está, a pesar de las estadísticas proporcionadas por sus líderes, disfrutando una ola de victorias contra el crimen y, mucho menos que NY, no puede permitirse, como un asunto de política o políticas, cerrar el debate sobre su más importante reto de políticas. Giuliani se ganó una reputación de tener éxito donde sus predecesores fallaron en domar al crimen, vale la pena recordar que se paró sobre hombros importantes. Por ejemplo, para los años noventa, Nueva York ya se había enfrascado en varios legendarios esfuerzos anticorrupción, y tuvo grandes avances en la erradicación del tipo de corrupción y criminalidad institucionalizadas que habían plagado a la fuerza. De hecho, como observó un estudiante del departamento en 1982, en los 10 años anteriores, "(el departamento) evolucionó de ser uno de los más corruptos y brutales para convertirse en uno de los más limpios y prudentes". Esfuerzos sucesivos por alcanzar reformas reforzaron unos cimientos sobre los cuales el primer comisionado de Giuliani, William Bratton, pudo levantar resultados. El DF se encuentra en medio de su primer esfuerzo moderno de reforma, y la historia sugiere que se podrían requerir fases adicionales antes de que el impacto sea evidente. Interesantemente, como alcalde recién electo, Giuliani se esmeró en desalentar las expectativas sobre una disminución en criminalidad, declarando a reporteros que él nunca había sido "alguien que se apoya fuertemente en las estadísticas como un medio para medir lo que estamos haciendo... No quiero que el departamento se enfoque demasiado en las estadísticas". Tal vez ese punto de vista más equilibrado de las cosas le hubiera venido bien al Departamento de Policía de Nueva York durante el resto del mandato de Giuliani, y podrían ser palabras que también le podrían bien servir a López Obrador. El autor representa en México al Lawyers Comitte for Human Rights. Es coautor de la investigación "Injusticia legalizada en México", del Centro Agustín Pro. Traducción: REFORMA/Lluis Aique Iglesias y Enrique Huerta |
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